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Tras rodear el edificio, sale a la carretera. Se dirige hacia la peor zona de la ciudad intentado no ser visto por ninguna de las numerosas patrullas que rondan las calles.
Tras dar unas vueltas por el barrio detecta unas tenues luces que salen de un pequeño local del cual le habían hablado anteriormente. Se acerca temerosamente y aparca el coche a una distancia prudencial, pues no quiere que lo reconozca nadie en caso de que se presenten problemas y llegue la policía.
Cruza la calle con precaución, mirando a uno y otro lado para asegurarse de que nadie lo observa. Se acerca al local, cruza unas breves palabras con el matón de la puerta, y entra.
Unas quince personas de la peor calaña ocupan el oscuro local. El gordo camarero luce un sucio delantal y le mira adustamente, aunque a Alberto eso no le importa. Ha abandonado la seguridad de su casa y ha llegado hasta aquí con un motivo, y ahora nada ni nadie le va a impedir conseguir su propósito.
Se acerca decidido a la barra. Espera a que el sucio camarero se acerque, y cuando lo hace le pide en voz baja lo que ha venido a buscar:
¿Me da un paquete de Ducados, por favor?
