Parece ser que ese monumento a la cultura en forma de cadena de televisión llamado Tele 5 nos tiene preparado para los próximos meses una sobresaturación de contenidos televisivos de alta calidad. Si hace solamente unos días comenzaba su programa-concurso-estrella, Gran Hermano, ayer mismo ya nos ofrecieron unas imágenes sobre los cástings que están realizando por todo el país para acceder a su otro gran programa-pelotazo: Operación Triunfo.

Estas imágenes son realmente divertidas, a qué negarlo. Observar a una cuadrilla de esperpentos hacer el más espantoso de los ridículos por tal de acceder al concurso no tiene precio. Además, a muchos de ellos les da exactamente igual cantar como una grulla con anginas, el caso es intentarlo y salir en la tele como sea.

Pero si algo me impactó del programa de ayer fueron las declaraciones de una joven que no había sido seleccionada para pasar a la siguiente ronda. Quiero pensar que dichas declaraciones fueron fruto de los nervios o de la decepción, y les aseguro que no me estoy inventado nada. Escribo las palabras textuales:

No me han cogido. Ahora voy a tener que ser una pringada toda la vida y trabajar como mis padres.

¿Ven ustedes por donde cogerlo? Porque les aseguro que yo no lo veo. Vamos que si yo fuera el padre de la muchacha me daría una depresión y no volvería a salir de casa en la vida, eso por no ponerme violento y decir que la esperaría en casa con la correa en la mano.

Pero volvamos a la desagradecida jovenzuela y a sus poco afortunadas declaraciones. ¿Qué lectura moral podemos extraer de esas palabras? Pues que la niñata, como muchos otros jóvenes, está convencida de que para ser algo en la vida hay que pasar por la tele, y que el pobre desgraciado que no consigue su momento de gloria televisiva se tiene que conformar con ganar el pan con el sudor de su frente, que parece que sea una forma indigna de hacerlo.

¿De quien es la culpa de que esos críos piensen así? Pues en primer lugar de las cadenas de televisión, que presentan a simples concursantes prácticamente como si fueran héroes. Y de algunas productoras discográficas, que fabrican cancioncillas en un laboratorio que no valen ni como tonos / politonos / sonitonos de los móviles, pero las cuelan como si fueran obras de culto. Y también de todos los fans, que devoran con admiración las paridas que hacen los cuatro triunfitos de turno.

¿Tiene todo esto solución? Pues la verdad es que no lo sé, pero a esa chavala, que como habrán notado ha conseguido indignarme, y a todos los que también piensan en la vida fácil como hace ella, quisiera decirles que como sigan con esas tonterías en la cabeza no sé qué camino tomaran, pero sí sé en qué va a terminar: siendo unos auténticos pringados.